martes, 18 de marzo de 2014

Reseña: El día anterior al momento de quererle, de Concha García, en El Punt Avui



Como un viaje iniciático 
Por Rodolfo del Hoyo 
El Punt Avui, 07/03/2014 

Todos los libros, y especialmente los de poemas, tienen diferentes lecturas. Las que propone su autor y las que hacemos los lectores a partir de nuestra experiencia, porque la lectura es también una experiencia que nos pone ante un espejo invisible que devuelve nuestra mirada convertida en otra mirada.

He leído el libro como un viaje. El viaje es iniciático y el poemario El día anterior al momento de quererle también lo es.

He leído un viaje físico porque «una semana antes había paseado / por los dédalos de una ciudad magrebí» o porque «Dudábamos entre ir al norte o / arribar a las inabarcables playas de guijarros»; o porque «me desperté en Belalcázar / bajo la sombra / de dos árboles» o también porque «Una mañana estás en París y dos / minutos más tarde atravesando la Pampa».

He leído un viaje en el tiempo porque «sucede un instante / donde te ves saliendo de un portal / con quince años menos» o porque «el pasado no carece de una honda huella» o porque «aquellos son los años que nos quedan».

He leído un viaje familiar porque «Unos seres que se repiten / en el tiempo» o porque «Una madre no tiene por qué / brillar sobre todas las cosas / ni con la misma intensidad / en cada uno de sus hijos» o porque «En la mecedora que no se balancea / el aroma de una abuela nos abraza».

Pero todos estos viajes confluyen en un viaje interior. El poemario es una parada en el camino, una parada en el oasis para descubrir qué hay en los espejismos del alma. La escritura es «un tejido / que puntea la superficie de la tierra / es el cuerpo en el cual vivimos […] y el mapa es el dibujo / de una parte de la totalidad». La totalidad existe en cada instante. En algunos poemas aparece el instante eterno del que había hablado José Hierro: «Te pone la mano encima / el calor del mundo / que entra por tu frente / amplio como los campos / sin vallas ni árboles».

¿Y qué se encuentra en este viaje interior? En la solapa del libro leemos que «se sostiene en la inminencia y, a la vez, en la memoria». Pero inminencia y memoria no son dos conceptos independientes, sino que la memoria explica el presente. También leemos en la solapa: «instantes en permanente movimiento». Me había referido al instante eterno, aquel que atrapa el poema y se nos graba de manera indeleble en la construcción del yo. El yo está sometido al cambio, es un fluir continuo. El día anterior al momento de quererle es un viaje existencial por diversos territorios, ya sean físicos, ya sean sobre la piel espiritual que reflexiona sobre las transformaciones que afectan de manera necesaria las fibras más profundas del individuo. Nos encontramos ante la búsqueda de un yo anterior perdido, o que cree perdido, o que quizá sólo existe en la imaginación, en el deseo, un intento de comprender los cambios que ha soportado a través de sus vivencias y sufrimientos, del encanto y el desencanto. «Como zahorí buscas el mensaje» o «Ya no soy aquella / que anotó por alguna razón / el verso de Montale, cuando / aquel tiempo era la vida aquella es luz azul / amarilla planteada, verde turquesa, / bienestar hondo».

También aparece aquí la nostalgia, la nostalgia es el dolor por lo lejano, pero no sólo por lo que fue sino también por lo que pudo ser. Hay poemas que son una explosión de felicidad en los que el ser parece no tener límites: «Anduvimos errantes sin casa y sin alas / teníamos la furia del ciclón». Y en otros se dibuja el desencanto: «Buscamos los profundos enseres que perdimos / cuando tras el viaje nadie se responsabilizó de la maleta». Y en este punto se hallan las vidas ajenas y las vidas de los antepasados proyectándose sobre la vida de la poeta, que se transforma en «otros» y «otras» para poder explicarse la existencia en el mundo. 

La cotidianidad y los objetos aparecen de continuo porque son las líneas que dibujan el mapa de nuestro territorio interior para abrirnos al mundo: «Ordenas la cocina, retiras la basura, / pones la comida en el plato del gato / y sientes una enorme satisfacción / porque controlas todo ese espacio / que te permite visualizar la estancia / en el momento presente, y hasta / el pasado no carece una honda huella / expandiéndose a través de todos esos / objetos cuyo significado tanto conocemos / porque representan estados de ánimo / en otros días y ciudades».

Es un libro de gran profundidad y variedad temática que obliga a hacer varias lecturas y a detenerse en cada tramo. Es un canto a la vida, al dejarse fluir para ser en plenitud y dejar de lado las convenciones: «La filosofía / se ha apropiado de nuestras sensaciones / convirtiéndolas en conceptos […] Para que más poesía si nos tumbábamos / sobre la hamaca / que cubría nuestras necesidades».





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