miércoles, 9 de enero de 2013

Reseña: La aldea de sal, de Ledo Ivo, en Magacín

La aldea de sal, de Ledo Ivo
Leopoldo Cervantes-Ortiz 
Magacín. Suplemento dominical de protestante digital, 05/01/2013

Lêdo Ivo: poesía terrenal, aspiración de trascendencia

Y después moriré: no me amen o me desprecien de más, pero guarden mi nombre y búsquenme en los versos tal como soy exactamente: unido a todos, rebelde, inconsecuente, confuso y lírico. L.I., “Canto de la imaginaria ventana abierta”, (versión de Carlos Montemayor)

El 23 de diciembre falleció en Sevilla el poeta brasileño Lêdo Ivo, uno de los más importantes del panorama lírico de su país y autor de una dilatada obra. Se encontraba en España, junto con algunos miembros de su familia, como parte de un “viaje sentimental”. Su hijo Gonçalo se expresó así: “Él sabía que el fin estaba próximo y quería ver a algunos amigos en Madrid como Juan Carlos Mestre y Martín López-Vega. También quería pisar las tierras de Góngora y de Quevedo; siempre tuvo una gran ligazón con España” […] “Ayer estuvo en la Catedral varias horas: estaba feliz y contento. Quedó deslumbrado con el Alcázar y, al pasear por sus jardines, exclamó: ‘¡Entonces existe el paraíso; esto es el paraíso!’”.
La nota citada agrega: “El poeta y periodista, nacido en la ciudad nororiental de Maceió en 1924, no quería ‘una muerte carnavalizada, ni una muerte episcopal, sino una muerte sencilla y franciscana’, según su hijo. Ivo defendía un modelo de poesía comprometida con el individuo y la sociedad. Algún crítico se refirió a él como ‘el poeta indignado’, aunque él eligió calificarse como ‘poeta municipal’. ‘Los poetas estamos para dar voz y música al que no la tiene’, dijo en una entrevista concedida a Efe en octubre de 2011”. […] “En 1944, Ivo se dio a conocer en todo Brasil con la publicación de un poemario,  As imaginações , y su obra está traducida al inglés, español, francés e italiano, entre otras lenguas. Poseedor de un fuerte temperamento, el autor de  Ninho de cobras ' y  A noite misteriosa  era amante de la literatura española y destacaba a los autores del Siglo de Oro y la generación del 27, pero tenía especial predilección por Antonio Machado, ya que, a su juicio, su obra permitía estar más cerca de los hombres”.

Premio Leteo en 2011,
se han publicado en España las antologías  La moneda perdida  (traducción de Amador Palacios, Olifante, 1990) y  La aldea de sal  (traducción de Guadalupe Grande y Juan Carlos Mestre, Calambur, 2009) ,  y los poemarios  Rumor nocturno  (traducción de Martín Luis Vega, Vaso Roto, 2009) y  Plenilunio  (mismo traductor, Vaso Roto, 2010). “Desde muy joven se dijo atraído por las letras españolas y devoró la obra de Gonzalo de Berceo, Lope de Vega, García Lorca, Alberti y Machado, por quien tenía una especial predilección. Según su hijo, ‘era consciente de que la muerte le acechaba, pero no quiso marcharse sin pisar por última vez la tierra de Góngora y Quevedo’”. En México, adonde estuvo en varias ocasiones y en donde se le homenajeó en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino de 2008, han aparecido algunos de sus libros, como  Réquiem  (Alforja, 2008) y algunas antologías:  La imaginaria ventana abierta  (traducción de Carlos Montemayor, 1980),  Las islas inacabadas (traducción de Maricela Terán, Universidad Autónoma Metropolitana, 1985) y otra realizada por Héctor Carreto (UNAM, 1988). El poeta mexicano Mario Bojórquez elaboró otra más:  Estación final (Antología de poemas 1940-2011),  publicada en Colombia y España (Granada, Valparaíso).

Eduardo Langagne lo incluyó en el reciente
 Todos los ritmos. Siete poetas del Brasil , donde se refiere a él así: Es uno de los más activos y representativos poetas del movimiento Geração 45 que tuvo una reacción estética contra la primera fase modernista. […] Seis décadas de poesía son mucho más que un dato cronológico. Por si fuera poco, el poeta ha estado en constante renovación y participando creativamente en las discusiones sobre el ser y el hacer de la materia poética; ha considerado a la búsqueda y a la experimentación fundamentales para la creación poética, porque juzga que sin ellas la literatura y la poesía no se renovarían. […] Se suman medio siglo, una década y casi un lustro de hurgar paciente y meticulosamente en los recovecos de la palabra y volar junto con ella a los espacios posibles e imposibles. En “Justificación del poeta”, poema de ese primer libro suyo, el poeta termina con una declaración sugestiva: “Soy un plebiscito. Soy una revolución”. Predecesores suyos como el connotado Murilo Méndes lo elogiaron por la intensidad de su perspectiva poética, apostando a su expresión futura; si bien con una cierta prudencia conveniente a la temprana edad del poeta, Murilo escribió: “irá lejos, tal es mi vaticinio […] exalto en este joven compañero su imaginación, su audacia, su fuerza de ataque, su gusto por la violenta oposición de lo cotidiano a lo sobrenatural”.
En el prólogo de  Las islas inacabadas,  Ivo habla de la poesía con una claridad meridiana, afirmando el misterio de la escritura y de la reescritura que lleva a cabo cada lector/a: Cada poema tiene su historia, es un fragmento de una existencia secreta, un astillazo de biografía del poeta, aunque el amante de versos deba ser alertado sobre la evidencia de que, sea atravesando la claridad del día o los misterios de la noche, el poeta es el portador de una sinceridad siempre ungida por la mentira inherente a la creación poética. La poesía es la voz o lenguaje del otro: un lenguaje personal e intransferible dentro del sistema poético que representa la culminación estética de los numerosos lenguajes tribales y triviales que forman la lengua de una nación. Y ese lenguaje diferente es una máscara, un escondrijo, una metáfora, un decir siempre otra cosa. Así, un poema es al mismo tiempo verdad y mentira, rigor y desmesura, contención y efusión, carencia y exuberancia, magia y pesadilla, razón y sinrazón. Es un sí y un no, y aún un plácido tal vez. Es mito y realidad. Posee uno e incontables sentidos. Artefacto verbal, completo en sí mismo, viviendo y respirando el ritmo de su integridad y concreción, y aún el de sus abstracciones, gracias a un feliz agenciarse de sonidos y signos, de palabras tornadas imágenes y de imágenes tornadas palabras, de rimas y contrarrimas de métricas y contramétricas, el poema puede, con todo, ser recreado y hasta dañado por cualquier lector, que lee en él lo que desea leer, y lo reescribe mentalmente a su voluntad, como si fuese un dichoso suplente de creador o un ayudante de mentiroso. […]

Bojórquez, a su vez, lo ve como el mayor poeta actual de lengua portuguesa y como un autor dotado de enormes recursos:


En la poesía de Lêdo Ivo, escribir es un acto de registro de las impresiones del mundo pero también es una exploración de lo que no se conoce, de lo que se intuye por medio de las relaciones inexplicables entre sucesos y objetos que aparentemente no tienen una relación causal ni de coexistencia. La escritura entonces se convierte en el catalizador de estas irregulares convergencias de la memoria y de la imaginación. Escribir se vuelve un ensayar el mundo, un palpar en las sombras de la incomprensión hasta llegar a un territorio que nos ofrece seguridad en medio del riesgo.


Una nota que acompaña la publicación de  Rumor nocturno  define muy bien la manera en que esta poesía, tan terrenal, aspira continuamente a la trascendencia que es posible encontrar todos los días en las cosas, los seres, las personas , pues la combinación de elementos con los que trabaja, por decirlo así, sube y desciende, aletea y se cierne concisamente sobre lo observado que se filtra por las fibras de una visión que atesora instantes y sensaciones con un sabiduría “amasada” por el tiempo: “Lêdo Ivo es el atónito observador de los desmanes de la sociedad contemporánea, del sufrimiento de la naturaleza herida. Su poesía es un paisaje en el que la floresta resiste frente al avance de los yates abarrotados de banqueros, de las excavadoras, del desconcierto. Una poesía que sabe que en último término, pese a todo y con La Fontaine, todo el universo obedece al amor.  Una poesía a la vez carnal y espiritual que sabe que hay preguntas que no tienen respuesta, pero también que el secreto de la vida es aprender a convivir con ellas,  a ser nosotros mismos un equilibrio entre dos signos de interrogación”. Prueba de ello son los poemas incluidos en  El salmo fugitivo (2004, 2009), “Descubrimiento de lo inefable” (fragmento) y “Cristo en São Paulo”, además de otros dos que dejamos a la consideración de los amables lectores/as. 

 
DESCUBRIMIENTO DE LO INEFABLE
Sin lo sublime ¿qué es el poeta? Sin lo inefable
¿cómo puede
alabar, si no trae para sí mismo,
la plena y extraña juventud de la joven a
quien ama?
¿Qué es el poeta, que imita las mareas,
sin adquirir con el tiempo una serenidad de
cosa siempre desnuda
como si las estrellas estuviesen caminando
gobernadas por su sonrisa
y sus brazos agitasen los árboles heridos por
la claridad de la luna?

Sin que su canto suba hasta los cielos,

sofocante música de la tierra,
¿qué es el poeta?
Soy libre cuando canto. Y quiero
que mi respiración oriente la voluntad de las
nubes
y mi amoroso pensamiento se mezcle al
horizonte.
Cantando quiero a octubre, quiero la lágrima
de sal
en el instante anterior al despertar: hoja
volando.

Sin lo inefable, que dura siempre sin permanecer

¿cómo conseguiré alabar a esa joven a quien
amo,
que nace en mi recuerdo plena como la noche
y triunfante como una rosa que durase
eternamente
no se limitase a la gloria de un día?
Sin lo inefable, que valoriza las manos y hace
volar el amor,
no podré descender de repente
al infierno de su cuerpo desnudo.

Lo sobrenatural todavía existe. Y no seremos

nosotros
los que alteraremos el indivisible orden de
las cosas
con nuestras manos que podrán quedar
inmóviles
en pleno amor, frente al cuerpo amado. […]

No es la mañana, depositando la simiente de

alegría en el corazón de los hombres.
No es la vida, cántico triunfal descendiendo
sobre las almas.
No es el poeta, subiendo por los andamios de
la carne del recuerdo de una mujer.
Son los ángeles que vinieron a vincularnos,
una vez más,
al orden eterno y a la anunciación.

No nos liberaremos jamás de esos ángeles

hechos de tierra y mar, creaturas celestes
que dejan caer en nosotros el sol de la
armonía.
Es inútil matar a los ángeles.
Ellos son invisibles y traicioneros.
De pronto, cuando nos sentimos seguros, ya
no somos
los consumidores de instantes, y estamos
entre el Día y la Noche, en el umbral
de una eternidad vigilada por ellos.
CRISTO EN SÃO PAULO
En la noche de Navidad
cuando las campanas tocaban
vi a Cristo caminando
en una calle de Sao Paulo.
Cuando nació
era ya nombre hecho,
traía desde su cuna
la soledad y la muerte.
El viento blanco y frío
susurraba en secreto:
“¡Qué breve es la vida
para los hombres y los dioses:
un suspiro de Cristo
exhalado en la oscuridad!”.
Cargando la cruz
Jesús iba solo
camino del Calvario.
Nadie lo acompañaba.
Luminoso rumor
de una noche de fiesta.
Jesús se estremecía.
¡Qué fría era la noche!
Y la boca del metro
en la neblina
devoraba sus pasos.
LA META
Juguemos fuera de nuestros cuerpos,
que se vuelven licenciosos.
Quedémonos sólo con nuestras almas,
entes abstractos y radiantes.

Guardemos apenas lo eterno,

lo demás es efímera escoria.
Aspiremos a lo absoluto.
El resto no vale la pena.

Los cuerpos que aman y desaman

y se enroscan, flexiblemente,
en el blanco universo de las camas,

son los embrujos sucesivos

de nuestras almas exigentes
que sólo aceptan el Paraíso.
LA ETERNIDAD PREMEDITADA
Esto será la eternidad:
un incesante subir escaleras.

Y siempre estarás al comienzo de la escalera

monumental
aunque todos los días sean peldaños.

Dios ¿por qué hiciste la eternidad?

¿Por qué nos obligas a subir tantas escaleras?
 


Versiones de Maricela Terán

http://www.protestantedigital.com/ES/Magacin/articulo/5243/Ldo-ivo-poesia-terrenal-aspiracion-de

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